miércoles, junio 01, 2005
¿Porqué carajos El Sueño de Maquiavelo?
Bueno, pos como dijo el gachupín, "nomás por joder". Creo que todos sabemos quién fue Nicolás Maquiavelo. Así mismo, todos sabemos de las connotaciones negativas que se le han endilgado al adjetivo que se derivó de su nombre: truculento, tenebroso, traicionero, inescrupuloso, en suma, chanchullero.
Imagino también que alguno de nosotros ha leído un poco más acerca de don Nicolás, por lo que probablemente estarán de acuerdo conmigo en que ser llamado maquiavélico, más que un insulto es un halago. La obra cumbre, por lo menos en popularidad, de este ilustre hijo de Florencia es "El Príncipe". Para quienes hemos leído alguna de sus obras, nos resulta evidente su agudeza mental, su patriótico amor por Florencia y toda Italia, su visión política enfocada a la gobernabilidad, su ironía y su desapego a las preocupaciones espirituales del cristianismo, por no llamarle ateísmo.
Se cuenta que estando Maquiavelo en el lecho de muerte, relató a quienes le acompañaban que había tenido un sueño. En dicho sueño, caminaba tranquilamente cuando vió un numeroso grupo de silenciosas personas, quienes lucían como parias y denotaban evidente sufrimiento, formado por virtuosos, píos, beatos y puros que se encaminaban al cielo. Les abordó para preguntarles quiénes eran y adónde se dirigían, a lo que respondieron algo similar a esto: "hemos observado durante toda nuestra vida los preceptos morales de la Iglesia Católica, por lo que hemos ganado la gloria eterna, y nos dirigimos a El Paraíso". Siguió caminando y se encontró otro grupo, menos numeroso aunque más ruidoso, pues sus integrantes, solemnes y graves, discutían incansablemente de política y filosofía. A muchos de ellos los reconoció de inmediato: Platón, Tácito, Plutarco, entre otros. Les preguntó que a dónde se dirigían, a lo que respondieron "al infierno", pues habían sido condenados. Con esto, concluyó el relato de su sueño y agregó, que sin duda prefería ir al infierno para compartir esa sombría residencia con los ingenios y talentos más sobresalientes de la política del mundo antiguo, teniendo el privilegio de poder charlar con ellos.
Cierta o falsa, esta anécdota ilustra la personalidad de Maquiavelo. En lo personal, comparto la preferencia de don Nicolás si allí encontraré no sólo a tan preclaros hombres (y supongo que mujeres también), sino seguramente también a mis amigos (agáchense, por si las dudas, no les vaya a tocar la pedrada). Particulamente a la mayoría de los cafianos no los puedo imaginar en otro lugar que no sea el averno.
Ese es el pretexto por el cual he decidio llamarle a este blog como lo he hecho, y mi más ferviente deseo es que sea la antesala al submundo donde nos encontraremos.
Un gran abrazo para todos, y vaya mi cariño acompañándoles.
Manuel.
Imagino también que alguno de nosotros ha leído un poco más acerca de don Nicolás, por lo que probablemente estarán de acuerdo conmigo en que ser llamado maquiavélico, más que un insulto es un halago. La obra cumbre, por lo menos en popularidad, de este ilustre hijo de Florencia es "El Príncipe". Para quienes hemos leído alguna de sus obras, nos resulta evidente su agudeza mental, su patriótico amor por Florencia y toda Italia, su visión política enfocada a la gobernabilidad, su ironía y su desapego a las preocupaciones espirituales del cristianismo, por no llamarle ateísmo.
Se cuenta que estando Maquiavelo en el lecho de muerte, relató a quienes le acompañaban que había tenido un sueño. En dicho sueño, caminaba tranquilamente cuando vió un numeroso grupo de silenciosas personas, quienes lucían como parias y denotaban evidente sufrimiento, formado por virtuosos, píos, beatos y puros que se encaminaban al cielo. Les abordó para preguntarles quiénes eran y adónde se dirigían, a lo que respondieron algo similar a esto: "hemos observado durante toda nuestra vida los preceptos morales de la Iglesia Católica, por lo que hemos ganado la gloria eterna, y nos dirigimos a El Paraíso". Siguió caminando y se encontró otro grupo, menos numeroso aunque más ruidoso, pues sus integrantes, solemnes y graves, discutían incansablemente de política y filosofía. A muchos de ellos los reconoció de inmediato: Platón, Tácito, Plutarco, entre otros. Les preguntó que a dónde se dirigían, a lo que respondieron "al infierno", pues habían sido condenados. Con esto, concluyó el relato de su sueño y agregó, que sin duda prefería ir al infierno para compartir esa sombría residencia con los ingenios y talentos más sobresalientes de la política del mundo antiguo, teniendo el privilegio de poder charlar con ellos.
Cierta o falsa, esta anécdota ilustra la personalidad de Maquiavelo. En lo personal, comparto la preferencia de don Nicolás si allí encontraré no sólo a tan preclaros hombres (y supongo que mujeres también), sino seguramente también a mis amigos (agáchense, por si las dudas, no les vaya a tocar la pedrada). Particulamente a la mayoría de los cafianos no los puedo imaginar en otro lugar que no sea el averno.
Ese es el pretexto por el cual he decidio llamarle a este blog como lo he hecho, y mi más ferviente deseo es que sea la antesala al submundo donde nos encontraremos.
Un gran abrazo para todos, y vaya mi cariño acompañándoles.
Manuel.